No se antojan estas tortillitas? pues sin maíz no hay País

O prefieres transgénicos ?
Miles de años antes de que los españoles llegaran a estas tierras, los hombres y mujeres que descubrieron lo que hoy es México aprendieron a quererlas y crearon una de las grandes civilizaciones del mundo. Hace dos siglos, el país se hizo independiente con el esfuerzo y el coraje de quienes le han dado dignidad y sustento y defienden hasta hoy, incluso contra los poderes constituidos, maneras propias de ser y de vivir, en una continua batalla de la memoria contra el olvido.
En contraste, quienes han dirigido el país desde su fundación han querido escaparse hacia adelante y rechazar el pasado. Algunos lo han celebrado y glorificado. Otros lo han despreciado y descalificado. Casi todos han buscado olvidarlo, arrancarlo de nuestras entrañas, enterrarlo. Una y otra vez, empero, el pasado nos ha alcanzado y nos hace recordar."Arrancaron nuestros frutos, quebraron nuestras ramas, quemaron nuestros troncos, pero no pudieron secar nuestras raíces" nos reiteran los herederos de aquellas culturas. Siguen aquí, entre nosotros, hoy. No son voces de ultratumba ni fantasmas de lo que fuimos. Ilustran con sus propias vidas que sólo cuando afianzamos bien los pies en nuestra historia podemos llevar nuestros pasos por un camino nuestro, libre y abierto a la interacción con otros.
Por tener un pasado nuestro, el porvenir puede pertenecernos. Con él podemos hacer del presente un espejo del mañana, anticiparlo, en vez de vivir esperando un futuro siempre pospuesto, encerrado en promesas vanas de una prosperidad que nunca llega.
Si de eso se trata, nada mejor que el maíz como guía. Con el maíz podemos visitar el lugar físico y cultural del que salimos. Re-conocer cómo se relacionaron con él nuestros antepasados, adelantándose a muchos otros pueblos en la creación agrícola.
Con el maíz podemos recorrer cada episodio de nuestra historia, apreciando cómo ha contribuido a enaltecernos y nos ha ayudado a remediar la desgracia. Con el maíz podemos valorar nuestro presente. Celebrar la fiesta de una comida única, que le debe buena parte de su riqueza. Festejar un cultivo que de aquí salió al mundo entero, en donde es cada vez más importante. Aplaudir su sorprendente diversidad, que es fiel imagen de nuestro pluralismo. Admirar su discreta hospitalidad, que anuncia la nuestra. Apreciar los saberes que con él forjamos. Y sentirlo aún, bien arraigado en el corazón de nuestra cultura, en el centro de nuestras realidades y sueños, como expresión de un modo propio de ser lleno de vigor simbólico, en lucha constante contra prejuicios arraigados que lo descalifican y contra manías y obsesiones que lo quieren dejar de lado.
Y con el maíz, en fin, podemos tejer nuestras aspiraciones y proyectos para el porvenir. Podemos verlo, lleno de fuerza e imaginación, desplegando día tras día su inagotable tesoro. Sin abandonar su tarea de alimentarnos y organizar gratamente la vida cotidiana de millones, nos sorprende continuamente con sus nuevas aplicaciones, cuando se hace combustible de automóvil, botella de leche, medicina, miel...
No sabemos aún hasta dónde llegarán sus promesas, aunque nos consta que las cumple. Y por eso podemos seguir diciendo que SIN MAÃZ NO HAY NI HABRÁ PAÃS.
Publicado por: www.cdi.gob.mx


Y echeme una doradita lupita! que ya me dio hambre!

(11/02/08)
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